La preadolescencia y la adolescencia son etapas llenas de cambios.

Cambia el cuerpo.

Cambian las emociones.

Cambian los intereses.

Y muchas veces también cambia la forma en que una hija comienza a verse a sí misma.

Por eso, cuando una madre escucha frases como:

"Me veo fea."

"No me gusta mi piel."

"Todas son más lindas que yo."

La preocupación suele ir mucho más allá de la apariencia.

Porque sabemos que detrás de esas palabras hay algo más profundo: una autoestima que está comenzando a construirse.

La autoestima no es solamente verse linda

Cuando hablamos de autoestima solemos pensar en imagen.

Pero la autoestima es mucho más que eso.

Según Nathaniel Branden, uno de los principales referentes en este tema, la autoestima tiene que ver con la percepción de valor que una persona tiene sobre sí misma.

Es cómo se trata.

Cómo se habla.

Cómo enfrenta los desafíos.

Cómo responde frente a los errores.

Y cuánto cree que vale incluso en los días en que no se siente segura.

Por eso una hija puede sentirse linda y tener una autoestima frágil.

Y también puede tener inseguridades y desarrollar una autoestima saludable.

¿Por qué esta etapa es tan importante?

Entre los 8 y los 15 años comienzan a producirse cambios físicos, emocionales y sociales que impactan directamente en la construcción de identidad.

Empiezan las comparaciones.

La influencia de las redes sociales.

La necesidad de pertenecer.

La búsqueda de aceptación.

Y muchas veces aparecen preguntas que antes no existían:

¿Soy suficiente?

¿Me veo bien?

¿Encajo?

Es una etapa completamente normal.

Pero también es una etapa en la que el acompañamiento de los adultos tiene un enorme impacto.

Cómo acompañar la autoestima de una hija

1. Escuchar antes de corregir

Cuando una hija expresa una inseguridad, nuestra primera reacción suele ser tranquilizarla.

"No digas eso."

"Estás perfecta."

"No es para tanto."

Aunque nace del amor, muchas veces eso invalida lo que está sintiendo.

Antes de responder, intentá escuchar.

Preguntarle qué siente.

Qué piensa.

Qué le preocupa.

Sentirse escuchada fortalece mucho más la autoestima que cualquier respuesta rápida.

2. Ayudarla a desarrollar una relación amable consigo misma

La autoestima no se construye evitando todas las inseguridades.

Se construye aprendiendo a atravesarlas.

Ayudala a entender que puede sentirse incómoda con algo de sí misma sin que eso defina quién es.

Su valor no cambia por una nota.

Por una foto.

Por un granito.

Por un mal día.

3. Revisar cómo hablamos de nosotras mismas

Las hijas aprenden observando.

Observan cómo hablamos de nuestro cuerpo.

Cómo reaccionamos frente a nuestros errores.

Cómo nos tratamos cuando algo no nos gusta.

Muchas veces la autoestima se modela más de lo que se enseña.

4. Fomentar hábitos de autocuidado

El autocuidado no se trata solamente de higiene o cuidado personal.

Se trata de transmitir el mensaje de que merecemos tiempo, atención y cuidado.

Por eso los pequeños rituales cotidianos pueden transformarse en oportunidades para fortalecer la confianza y la autonomía.

Autoestima y autocuidado: una relación poderosa

Cuando una hija aprende a cuidar su cuerpo desde el respeto y no desde la corrección, está aprendiendo algo mucho más profundo.

Está aprendiendo que merece cuidarse.

Que merece escucharse.

Que merece dedicarse tiempo.

Por eso en GlowUP creemos que el cuidado de la piel puede ser mucho más que una rutina.

Puede convertirse en una herramienta para fortalecer hábitos saludables, confianza y amor propio desde edades tempranas.

No es skincare.

Es SkinLove.

Una reflexión para llevarte hoy

Quizás la pregunta no sea:

"¿Cómo hago para que mi hija se sienta linda?"

Quizás la pregunta sea:

"¿Cómo la ayudo a construir una relación más amable consigo misma?"

Porque una autoestima saludable no nace de sentirse perfecta.

Nace de sentirse valiosa.


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